Hoy casi lloro,
y los hombres no deben llorar,
me reprimí a tiempo
pensando en todo el mal que me causó,
y no encontré grietas.
Tuve mi infierno,
el de todos los días,
esos segundos fatales
en que pierdo el dominio
y me asalta el recuerdo.
Leí de nuevo sus últimas palabras,
no debí haberlo hecho,
pasó tanto tiempo
que es casi nada,
desde que se fue no soy el mismo,
no vivo preocupado,
ya es seguro que no va a volver.
No puedo cambiar las sábanas,
todavía queda algo suyo,
quiero que termine la espera,
no la debo convencer,
¿qué estará pensando?
Tengo derecho a saberlo,
por respeto a la dignidad
nunca se lo voy a decir,
no es su problema,
como me siento yo solo lo se,
el dolor que nunca me iba a pasar,
las preguntas del después.
































































